La Fundación Todo por Amor cuenta con tres casas donde aloja a personas mayores de 60 años autoválidas que por distintos motivos no tienen un techo propio. Las solicitudes crecen y ahora tienen 20 más en lista de espera. No pueden dar respuesta a todos los pedidos y, por esto, solicitan la ayuda de la comunidad rosarina para conseguir un inmueble habitable y a un costo accesible.
La Fundación Todo por Amor cuenta con tres casas donde aloja a personas mayores de 60 años autoválidas que por distintos motivos no tienen un techo propio. Las solicitudes crecen y ahora tienen 20 más en lista de espera. No pueden dar respuesta a todos los pedidos y, por esto, solicitan la ayuda de la comunidad rosarina para conseguir un inmueble habitable y a un costo accesible.
Desde hace 8 años Todo por Amor intenta paliar un creciente problema social: el de los adultos mayores que se quedan en la calle, fuera del sistema, desocupados y lo más preocupante: solos. Todo comenzó cuando Ana Moreira, encargada de un centro de jubilados se encontró con que una de las abuelas que le pedía alojamiento. “Yo la dejé dormir allí (en la sede del centro de jubilados), le traje una frazada y sábanas. Después me pidió otra persona y así, casi sin darme cuenta se formaron estos hogares que se caracterizan por ser familias”, destacó la emprendedora de este proyecto solidario. Hoy cuentan con tres casas. “Tengo fuerzas y ganas de armar más lugarea para recoger a más personas. Desde Todo por Amor queremos que se sientan acompañados al menos con las palabras y el afecto”, manifestó la fundadora.
En casa. En Necochea al 1900 funciona uno de los hogares de Todo por Amor. Cada una de estas casas está gestionada por quienes viven allí, que aportan (cuando pueden) de su jubilación para pagar el alquiler. Además, entre ellos se cocinan, limpian y hasta se acompañan al médico. “En Todo por Amor tenemos un lema: “en cada casa somos una familia”, destacó Alicia Gobbi en diálogo con La Capital.
Ataviada para la foto, la mujer contó que hace dos años vive allí ya que por circunstancias familiares se quedó en la calle. Julio Benítez, otro de los habitantes de la casa de calle Necochea trabajó toda su vida como obrero de la construcción pero se quedó sin ocupación luego de una operación donde le colocaron 4 bypass. “Yo vivía en las obras donde trabajaba”, confiesa y por eso para él quedarse sin trabajo fue también perder el hogar. En la Fundación encontró una familia y un hogar. Los que comparten la vivienda con él dicen que es “experto” en la cocina, una de las tareas que realiza casi a diario.
Daniel Zaidán tiene 63 años y también se quedó desocupado luego de haber hecho trabajos de electricidad y plomería. Haber encontrado un hogar para él significó también volver a empezar: ahora comenzará un curso de electricidad y otro de computación. Además, dedica varios días a atender la oficina de la Fundación junto con Julio.
“Lo más importante es que aquí estamos contenidos y no nos sentimos solos”, confesó Alicia. En tanto, Ana teme por los que esperan un lugar y sabe que con la llegada del frío crecerá la demanda.
Trabajan más de 22 voluntarios
Más de 22 voluntarios hacen posible que exista la Fundación Todo por Amor cuya misión es mantener hogares participativos para adultos mayores carenciados, intentando para todos un desarrollo integral ante la situación de desesperanza y soledad que atraviesan.
Enrique Rodríguez es uno de los voluntarios que cuando se enteró de que existía esta fundación decidió dedicar su tiempo para ayudar “en lo que hiciera falta”. Al estar jubilado decidió invertir su tiempo en una tarea solidaria. “Yo me encargo de venir a este hogar (el de calle Necochea al 1900) y de recibir las donaciones”.
El hombre, que también atiende un puesto de venta de ropa usada que se instala los sábados para recaudar fondos, aclaró que “quien quiera ser voluntario lo puede hacer sin necesariamente comprometerse con algo fijo porque aquí hay de todo”.
A continuación detalló las necesidades de la fundación y pidió electrodomésticos (en buen estado), muebles para las casas, y sobre todo verduras y frutas. Comentó que Paladini les dona la carne y Mil Hojas las pastas. “Pero nos falta pan y sobre todo frutas y verduras”, comento Rodríguez. Los interesados en enviar las donaciones pueden comunicarse previamente al 461-1819 y hablar con Enrique.
Talleres. Pero en los hogares no sólo se vive. Allí también se organizan talleres abiertos a la comunidad. Entre otros hay clases de yoga, talleres de memoria, manualidades, y computación. “Queremos que nadie sufra de soledad y por eso invitamos a todos a participar de los talleres”, explicó Enrique. Los interesados pueden inscribirse a las distintas actividades llamando al teléfono de la Fundación: 4825419.