Formaron la cooperativa La Juanita, y hoy son una experiencia modelo para todo el país.
Silvia Flores vive y trabaja en el partido La Matanza, provincia de Buenos Aires. Junto a más
de 60 personas rechazaron el asistencialismo de los planes sociales y decidieron luchar por instaurar la cultura del trabajo.Desde hace 10 años, en forma sostenida, desarrollan cooperativas entre ellas una panadería, un taller de reparación de computadoras,un fábrica textil que exporta indumentaria, una imprenta y hasta fundaron una escuela.Además, cada año capacitan a más de 500 personas.
El programa de formación en excelencia gerencial Amartya Sen, que desarrolla la Facultad de Ciencias Económicas de laUniversidad Nacional de Rosario, invitó a Silvia a disertar sobre la experiencia (ver aparte).
“En La Matanza, donde somos más de 2 millones, siempre te dicen que no servís para nada,que todo es por la marcha o el piquete porque el clientelismo político es moneda corriente.De allí que optar por trabajar fue un desafío muy serio, pero lo hicimos”, comentó Silvia en su visita a Rosario.
La mujer forma parte del Movimiento de Trabajadores
Desocupados (MTD) La Matanza constituido por personas que se organizaron para dar una solución a los problemaslaborales y sociales. “Fue difícilporque muchos compañeros se abrieron para aceptar los planes del gobierno que nosotros rechazamos para terminar con la dependencia y empezar a construir nuestros propios emprendimientos
productivos y educativos”, explicó la líder.
A estas dificultades se sumó el desconocimiento para la gestión de los emprendimientos.
“Nos fundimos muchas veces pero no abandonamos la idea de impulsar proyectos para mejorarla calidad de vida y generartrabajo genuino”, subrayó.
Trabajo sostenido. “El trabajo tiene un valor que va más allá de cumplir con un jornal. Es un
valor de socialización y de generación de dignidad”, sostuvo Silvia. Y sobre esta base construyeron las iniciativas donde no hay “personal”, todos son socios.
La panadería abastece al barrio y los productos se venden a un precio social. “Aprendimos que el problema no era económico, sino que no nos abríamos. Cuando vimos que otros podían ayudar logramos articularproyectos y trabajar con otros sectores de la sociedad”, relató Silvia. Así se acercó Maru Botana, quien capacitó a los panaderos para producir un pan dulce que hoy se vende a las grandes empresas y también en La Matanza. “Es importante que nosotros podamos comer el mismo pan dulce que la gente que trabaja en Coca Cola por ejemplo" contó Silvia.
Para exportar. En el taller textil sucedió algo similar. Se contactaron con el diseñador Martín Churba gracias a la ayuda dela fundación Poder Ciudadano.Y generaronla campaña“Pongamos el trabajo de moda para siempre” con la producción y venta de guardapolvos.
Ahora el taller exporta remeras a Japón, Italia, Canadá y Estados Unidos. “Vimos lo que podíamos hacer con nuestras manos y que éramos capaces de trabajar como los demás”,destacó Silvia.
“A partir de allí no paramos de cumplir nuestro sueño y abrimos una escuela, porque en los barrios más pobres es donde deben estar las mejores escuelas, ya que allí los chicos aprenden todo” remarcó.
Además, más de 500 adultos se capacitan en oficios cada año y muchos tienen ya tienen su propio trabajo.
En la universidad
El programa Amartya Sen Rosario lo desarrollan las facultad de Ciencias Económicas, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) con el objetivo de sensibilizar a los alumnos en las problemáticas sociales. Tiene un cupo limitado de 100 estudiantes por año, que se seleccionan según el promedio académico y tienen mayores posibilidades quienes además hayan realizado actividades solidarias. Para más información, visitar la página web: www.programaamartyasen.com.ar.